El papel del terapeuta ante un trastorno de ansiedad

Lluís Duran

ansiedad

A la gran mayoría de la gente que sufre ansiedad le es muy difícil expresar lo que está sintiendo y esto no facilita, para nada, la intervención terapéutica en el momento más adecuado. Si a esto le añadimos lo mal visto, y estigmatizado, que está hablar de salud mental, resulta muy difícil pedir ayuda antes de estar completamente desestabilizados y encontrarnos en un hoyo de desesperación y desconfianza.

Una vez estamos con la ansiedad en su máxima expresión, ya instalada como trastorno, y con todas las actividades conflictivas (INCONSCIENTES) alimentándola de forma constante, es muy difícil encontrar el punto de inflexión necesario para sabernos, y sentirnos, capaces de poder revertir la situación y poder pedir ayuda. Nos sentimos abrumados, no conseguimos entender lo que nos está pasando e, incluso, nos culpamos de haber llegado a este punto y no saber encontrar una salida. Aquí es importante saber que no hemos hecho nada mal para sentirnos así, que todos esos conflictos inconscientes se han ido activando (y generando ese estrés mental que nos ha acabado desestabilizando) sin poder ser conscientes de ello y que, además, se trata de un tema estrictamente social no hablar de estos temas con total normalidad y naturalidad. Puntos, estos últimos, que facilitarían mucho ese primer grito de auxilio tan necesario cuando nos encontramos inmersos en un sufrimiento constante. 

En este punto es muy fácil que nos deriven al especialista en salud mental por excelencia, el psiquiatra. Aquí entra en escena la medicación, si es que el médico de cabecera no la ha recetado antes, que nos puede ayudar a estabilizarnos y a sacar un poco la cabeza del hoyo en el que nos encontrábamos. ¡Y ESTÁ MUY BIEN! Esta es la única utilidad de la medicación en un trastorno de ansiedad, permitirnos recuperar algo de control para tener el coraje suficiente de enfrentar la situación y poder empezar a trabajar en nosotros hasta revertir la situación por completo. De lo contrario, si nos quedamos con la medicación como única solución a nuestro problema, lo único que conseguiremos será cronificarlo y sobrevivir a duras penas.

Lo que realmente marca la diferencia, entre mantenernos en este estado de forma crónica o conseguir avanzar hacia la solución final, es continuar pidiendo ayuda porque sabemos que hay algo roto en nuestro interior. Este paso requiere de mucha valentía y compromiso con uno mismo, pero la recompensa puede ser tan infinitamente grande que te animo con todas mis fuerzas a que te atrevas a dar este paso. En este punto es muy importante la figura de un especialista (psicólogo, terapeuta, …) que sepa sostener nuestra vulnerabilidad en momentos delicados. Que sea capaz de aportarnos la confianza que constantemente flaquea en nosotros y nos insufle ese plus de valor para comprometernos y darnos cuenta de que la solución real se encuentra en nuestro interior.

Desde mi experiencia y con este panorama, la terapia emocional y, más concretamente QILIMBIC, se trata de la mejor herramienta para llevar a cabo este proceso. Afirmo esto con total rotundidad porque no existe otra terapia que aporte la estructura, la profundidad y las técnicas necesarias para resolver, de una vez por todas, toda esa actividad conflictiva que ha dado origen a nuestro trastorno. En este punto, QILIMBIC marca una diferencia exponencial con otras terapias y métodos mucho más conocidos, pero no por ello más eficaces. Si, además, tienes la suerte de encontrar un acompañamiento terapéutico respetuoso, empático y que conozca todos los entresijos de la ansiedad (como es mi caso) para desarmar este trastorno tan común, la garantía de éxito solo depende de tu compromiso y de tu responsabilidad.

¡ATRÉVETE a volver a vivir! 


Lluís Duran
Profesional Master Qilimbic
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01 marzo, 2020

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