¿Quién tiene miedo?

Carme Saumell

miedo

Vivir consciente. La atención deshace el miedo
El miedo como emoción es una actividad mental, y la mente conectada a nuestro sistema se expresa a través del cuerpo en forma de síntomas y sensaciones que nos producen sufrimiento. 

Pero, ¿qué es el miedo? 
Me refiero al miedo profundo, sin una causa aparente que lo justifique.  Ese miedo existencial  que sientes en lo más profundo de tu ser, que te atrapa y te arroja a un sinsentido, a una locura difícil de controlar.

Miedo es el desconocimiento de lo que somos, y nos deja atrapados a los recuerdos  de forma enfermiza pensando que si los perdemos podemos dejar de ser. 
Miedo es la inseguridad que produce ver que todo es cambiante, que aquello que crees que posees, lo puedes perder en un instante. 
Miedo es creer que eres lo que piensas, lo que te dicen y lo que te hacen.  
Miedo es la desconexión con la vida y con lo real. 
Miedo es sentirte disociado y no poder escuchar tu voz interior porque tu mente está desbordada de pensamientos delirantes que disparan contra tu pequeño yo frágil  y vulnerable. 
Miedo es ignorancia. 
Miedo es vivir desconectado de la Fuente de la Conciencia, de allí donde venimos y allá a donde vamos. Por el camino nos perdemos, pensando que somos aquello que tiene un nombre y un aspecto físico diferenciado.

Aunque sin saberlo, yo sentí esto de muy pequeña, tenía unos 5 años. 
Una noche de pesadilla, aunque ahora creo que fue un sueño revelador, vino un Indio hacia mi cama y se acercó a mi cara. Grité envuelta de pánico, un pánico que me acompañó durante mucho tiempo y que nadie podía entender.  
Me sentía sola, nadie me podía ayudar, mis padres, preocupados, me llevaron al psiquiatra. En su consulta solo recuerdo la escena de estar sola, estirada en una camilla  en una habitación oscura con varias puertas, hasta que no pude más y salí corriendo de allí. En el despacho de al lado estaban mis padres hablando con el médico y me abrace a ellos. No sé que paso más, pero ya no volví allí y poco a poco fui superando este pánico a que el Indio del sueño volviera a hacerme daño. No vino más.

Este impacto me ha acompañado gran parte de mi vida y ha sido clave en mi proceso de autoconocimiento y transformación. Me he reconciliado con el Indio y lo considero uno de mis maestros.
Eran los años 60, crecí en una educación católica y mi colegio era de monjas, monjas de la posguerra. Esa niña asustada sentía que nadie la podía ayudar, vivía atemorizada por el infierno y las historias que le contaban y su único alivio era creer en Dios, pero ¿qué Dios?

El Dios que conocía me miraba con su ojo acusador, para ver si era buena niña. Me podía llevar al infierno si me portaba mal. Ese infierno representado en las tétricas pinturas neoclásicas llenas de dolor y sufrimiento que habían en las iglesias y que me causaban terror. 
Me sentía atrapada por mi destino, solo me quedaba rezar y pedir perdón. ¿Perdón de qué y a quién?

Esa niña quería saber, quería entender, quería liberar ese miedo profundo y silencioso.
Su cabeza se llenaba de preguntas sin respuesta:
¿Quién soy yo?, ¿de dónde vengo?, ¿porqué estoy aquí?, ¿qué pasa cuando te mueres?, ¿porqué te has de morir? Todas estas preguntas se quedaron en mi inconsciente esperando algún día encontrar la respuesta y fueron la razón de mi búsqueda e investigación. 

Ahora me siento agradecida  porque he podido responder a esta niña desde la conciencia, desde lo que es y lo que soy. Me siento en paz y tranquila.

En la adolescencia y juventud llegó el cambio, sentí que era el momento de superar estos miedos y así lo hice. Me liberé de creencias, decidí sentir, experimentar, descubrir, viajar, compartir, aprender, crear,  cuestionar… pero los impactos de la infancia aun  estaban en mí, como redes neuronales preparadas para, en cualquier momento, responder con este pánico profundo delante de una circunstancia de peligro para mi supervivencia.

Ha sido en mi vida adulta que he podido entender y entrar en coherencia con la vida. A través de la lectura y la reflexión, a través de mi viaje interior de la mano de personas sabias que me hablan de algo que resuena en mi misma de forma estable, continua y certera. Gracias también al trabajo profundo con Qilimbic que me ha ayudado a abrazar a esta niña y susurrarle al oído todo aquello que quería  saber y que ahora quiero compartir.

El miedo en Medicina China se relaciona con áreas primarias del ser humano. Es la emoción vinculada a los riñones que es el órgano guardián de la energía ancestral, original y esencial. Los riñones están relacionados con el elemento Agua, el invierno, la oscuridad, la profundidad, pero también, el fluir, la flexibilidad, la energía vital.

Igual que la fuerza del agua puede provocar grandes desastres, el miedo también tiene esta fuerza devastadora si nuestro cuerpo o nuestra mente están en desequilibrio.
La glándulas suprarrenales, relacionadas con los riñones, reaccionan ante un peligro real o imaginario derramando gran cantidad de hormonas en la sangre, como la adrenalina, el cortisol… y produciendo mucha de energía extra para que podamos responder de forma rápida y eficiente ante este peligro. El problema es cuando este peligro es imaginario o nuestro organismo reacciona de forma desmesurada y descontrolada ante una situación alarmante .

Es natural y necesario que en algún momento sintamos temor. El temor nos protege y asegura nuestra supervivencia, reconociendo el peligro y actuando para evitarlo. 
Como dice Achim Eckert: “A nivel mental el temor se convierte en respeto profundo a la vida. El miedo, sin embargo, es una manera exaltada de temor donde ya no se valoran correctamente las  amenazas y muchas veces, estas, pueden ser irreales o imaginarias”. 

Los miedos surgen cuando nos sentimos encerrados en nuestros pensamientos por algún impacto que hemos vivido o a nivel más inconsciente, cuando somos niños y nos faltan elementos de gestión y comprensión de lo que vivimos porque nuestra personalidad aun se está formando. 

Un desequilibrio del elemento Agua o una debilidad de la energía de riñón puede contribuir a que el Agua se desborde o se seque, produciendo estados de miedo profundo como el pánico, las fobias, la paranoia y el terror a la vida.
El elemento Agua en equilibrio nos da la oportunidad de profundizar y conectar con el sentido de la vida. Si fluimos como ella, podemos encontrar la paz y la serenidad como cuando te miras en el espejo del lago tranquilo.  El Agua nos facilita la inmersión en uno mismo y así poder encontrar las respuestas a todas nuestras inquietudes.

“Si cuando estamos en nuestro interior nos sentimos como en casa podremos afrontar las tormentas de la superficie con calma y desapego” A.E.

¿Cómo conseguirlo? 
Sesha es uno de mis maestros. A través de la meditación me ha enseñado a ir a este interior continuo y silencioso. Con él he aprendido que:
La falta de claridad de lo que somos genera todo tipo de miedos. 
Si hemos de tener miedo a algo, mejor tener miedo a la ignorancia. 
Lo mejor es pasar a la acción, no importa si nos equivocamos. A través de la acción aprenderemos y dejaremos de dudar. La duda nos paraliza, produce desasosiego y es caldo de cultivo para el miedo.
Pase lo que pase es mejor actuar, aceptar y aprender y esto solo puede ocurrir en el Presente. Estar en el Presente es estar en lo que es. Estar atenta a lo que es permite que ese yo pequeño y asustado desaparezca. La atención deshace el miedo.

Cuando te invada el miedo, míralo. Si así lo sientes, traspásalo y este se desvanecerá. 
Si no puedes, no pasa nada, aprende de ello, posiblemente algo profundo te está hablando, atiéndelo. Qilimbic es perfecto para poder hacerlo, suavemente se liberará completa y amorosamente. Descubrirás nuevos recursos y aquello que tanto te asustaba será, a partir de ahora, solo un tigre de papel.  
La Meditación en nuestro quehacer cotidiano, también es una gran aliada que nos ayudará a gestionar mejor el miedo y a anclarnos en lo que de verdad somos. 

Carme Saumell
Profesional Master Qilimbic. Psicóloga y Acupuntora

www.carmesaumell.com




























 

22 marzo, 2020

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