Conciliar o reventar, esa es la cuestión

Yolanda Herrero Mor

familia, conciliacion, mindfulness

Siete de la mañana, no dejo que suene el despertador. Me despierto antes de la hora porque desde que soy madre parece que lo de dormir como un tronco se acabó.

Hago pis con el pequeño cogido de la teta y empieza a girar la rueda de hamster. Mi marido salió al trabajo hace ya un rato.

Beso de buenos días, desayuno y pelea con la mayor porque no le gusta la ropa que le he preparado hoy.
Respiro hondo porque se nos va a dar fatal si esto empieza así de buena mañana.

Los nervios de la pelea con la niña me recuerdan que hoy tengo una reunión importante. A ver cómo se da porque desde que soy madre perece que me comen el terreno por todas partes.

Dejo a la mayor en el cole y al pequeño en la guardería. Hoy está más sensible y no me suelta, no quiere que me vaya y llora.

Se me rompe el corazón.

Siento culpa, la de todos los días por sentir que no estoy donde tendría que estar, por sentir que no estoy priorizando lo que es más importante para mi, pero respiro hondo y hago lo que tengo que hacer, no veo alternativa.

Mi marido tampoco, sólo que estas escenas de separación no las vive él. Estamos todos igual, es lo que nos toca.

Me voy al trabajo con el corazón encogido y vuelvo a respirar hondo.

Siento que me tengo que poner a salvo de la ansiedad desde primera hora y en el trabajo todo son cambios, incertidumbre.

Me gusta lo que hago, soy buena en lo mío, pero el ambiente cada vez está más crispado y siento que en cierta forma pierdo mi lugar.

Desde que soy madre y reducí unas horas de mi jornada, parece que todos los días me tengo que ganar el puesto. Nadie me lo dice, soy yo la que lo siente así, aunque de momento con los cambios nadie me ha hablado de asumir más responsabilidades.

Siendo madre de dos, parece que te sacan de la lista de posibles aspirantes. Bueno, saldremos adelante.

Acaba la jornada laboral y me voy corriendo a por la mayor al cole y el pequeño a la guardería. El pequeño cuando me ve, se me tira directamente a la teta a saciar su hambre de madre.

Me los llevo un rato al parque a que nos de el aire.
Mientras vigilo a la mayor en los columpios, me siento en el arenero con el pequeño, gestiono la revisión con el pediatra, pienso que vamos a hacer de cenar y llamo a mi madre que hace dos días que tengo llamadas perdidas suyas. Me carga hablar con ella, no entiende mi forma de educar ni lo que tengo en la cabeza a parte de devolverle la llamada.

“Nos vamos para casa, que papá ya ha llegado” hoy la mayor obedece a la primera. Parece que ve el malestar del pequeño y me lo quiere poner fácil,¡gracias hija!. El pequeño quiere brazos todo el rato y tengo la espalda fatal. Necesito sacar tiempo para ir al gimnasio, ya no por mis michelines sino por mis lumbares, ¿¿pero cuando??.

Siento que esto al final me pasará factura.

Ya estamos todos en casa y nos saludamos cansados después del día.

Toca bañar al pequeño y hacer los deberes con la mayor. Nos repartimos el trabajo. Deberes con la mayor para él, baño con el pequeño para mi, que hoy está…

Oigo a mi marido desde el baño gritarle a la niña, pierde la paciencia con ella, mucho. Sé que está cansado pero se olvida de que ¡es sólo una niña!. No soporto ese autoritarismo, no se lo puedo consentir.

Me voy para el salón. Encuentro a la niña llorando, el otro gritando y el pequeño chorreando. Me resisto a perder los papeles, pero no puedo, ¡no puedo mas!. Me echaría a llorar aquí mismo porque no puedo más de la tensión, pero me trago las lágrimas sin dejar de preguntarme si habré sabido elegir bien al padre de mis hijos.

Me digo a mi misma “Venga, respira, que ya queda menos”. Cena, dientes, cuento y a dormir todo el mundo. Solo quiero que se acabe el día y meterme en la cama para descansar un poco y olvidarme de esta soledad que vivo en mi rueda de hamster.

Día tras día.

Soy Yolanda Herrero Mor, consultora de mindfulness y profesional Qilimbic certificada nivel master.

Esta historia que te cuento podría ser la de cualquiera de las muchas madres y algún padre que pasa a diario por mi consulta o se inscribe a mi formación continuada online de mindfulness para madres y padres que necesitan conciliar más y mejor.

Durante algunos años, por mi experiencia profesional, empecé a dar programas de mindfulness para empresas. Mis alumnos eran empleados, ejecutivos y directivos estresados a los que la empresa les daba cursos de mindfulness para paliar su estrés, incrementar su bienestar y ser más productivos.

Trabajando con ellos me di cuenta de que por encima de los intereses de esa organización empresarial, había otra, su familia, pero se veían incapaces de ser coherentes con esta realidad interna y priorizar lo que para ellos, al menos de corazón, era lo más importante.

Me di cuenta de que que la verdadera raíz de su estrés, sobretodo para las madres, era verse incapaces de conciliar su vida profesional, familiar y personal y vi que tenía que hacer algo al respecto.

Siento que la vida como profesional y como madre me puso al servicio de estas familias y aquí estoy, cumpliendo con mi misión desde la consulta y desde los recursos que ofrezco a través de mi web.

La no-conciliación es uno de los principales retos de esta sociedad y una de las principales amenazas para la infancia.

Madres y padres estresados que se ven incapaces de educar desde el amor y la calma que su hijos necesitan porque no la encuentran dentro de ellos mismos.

Madres presionadas con la necesidad de atender a sus hijos pequeños, sin perder terreno en lo laboral, sin tiempo para ellas y con la culpa que genera no verse capaces de criar a la mitad de hijos que criaron sus madres sin lavadora, sin lavavajillas y sin Thermomix. 

Padres incapaces de conectar con la emoción de sus hijos porque su propia educación no les ayudó a legitimar sus propias emociones.

A mis conocimientos como consultora de mindfulness y terapeuta transpersonal, vino a unirse Qilimbic y ha sido, con diferencia, la formación que más valor ha aportado a mi bagaje profesional.

Qilimbic, esta completa, profunda y poderosa herramienta de sanación que nos ha puesto en las manos Sara Forrellad, es lo que cada día ayuda en mi consulta a todas esas madres y padres a:

• Reconciliarse con ellos mismos para poder conciliar más allá de sus circunstancias.
• A liberar las emociones que anclan sus patrones disfuncionales y sus creencias limitantes.
• A superar viejos traumas y conectar con nuevos recursos.
• A desbloquear sus emociones estancadas para recuperar su energía vital.
• A reeducarse ellos mismos para educar a sus hijos, desde la consciencia que a sus padres les
faltó.
• A querer, honrar y agradecer a sus propios padres todo lo que les dieron.
• A amarse, aceptarse y respetarse a sí mismos para poner límites desde la asertividad, en el
trabajo, en la familia y donde haga falta.
• A ganar parcelas coherencia, sentirse en paz y hacer las paces con el mundo.
• A reconocerse como adultos capaces de hacerse cargo de las carencias de su niño interior y
las necesidades de sus hijos.
• A desidentificarse del drama del día a día y darle sentido a su vida.
• A reconocer sus dones para ponerlos al servicio de la comunidad, alineados con su trabajo.
• A conocerse mejor a sí mismos para entender mejor a su pareja y disfrutar de lo que les une.
• A armonizarse por dentro viendo como poco a poco lo de afuera se va armonizando.
• A vivir la vida que quieren para ellos y su familia desde el amor, dejando atrás el miedo.

Honro el camino de todas esas madres y padres que buscan en mi consulta los recursos para salir de la vorágine y ser el modelo sano, coherente y feliz que sus hijos necesitan.

Gracias a la vida y a Qilimbic por hacerlo posible.


Yolanda Herrero Mor
Profesional Master Qilimbic
vivirmindfulness.com


31 marzo, 2020

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