El miedo, la ansiedad y la zona de confort en tiempos de reclusión

Lluís Duran

confinamiento, ansiedad, miedo

En estas circunstancias tan especiales en las que nos encontramos encerrados en casa y con la movilidad exterior reducida, lo más normal es sentir un cúmulo de emociones contradictorias que nos pueden ir sobrepasando de forma constante. De golpe podemos sentir alegría de poder estar en familia y, al rato, podemos sentirnos abrumados por una sensación de desamparo y miedo por no saber cómo puede terminar todo. Aquí, y antes de entrar en explicaciones más profundas, podemos ver claro la única función de las emociones, que no es otra que informarnos de nuestra relación con lo que pasa en el exterior.

Sentir miedo en estas circunstancias es lo más normal, porque el cerebro no puede, a través de sus funciones ejecutivas únicas del ser humano, anticipar con seguridad nada de lo que va a pasar. Como no tenemos grabada ninguna experiencia similar en estas condiciones no existe la posibilidad de saber que al final todo saldrá bien o mal, y ahí es donde desaparece el control de la situación y nos encontramos fuera de nuestra zona de confort de forma continua. Y esta es la clave, que no estamos acostumbrados a vivir fuera de la zona de confort.

No estamos acostumbrados a manejarnos fuera de esa zona en la que sentimos que lo tenemos todo bajo control porque nuestro personaje evita, a toda costa, sentirse en peligro y no sabe cómo gestionar la incertidumbre de no saber que puede pasar en todo momento, teniendo claro que si intuye que puede pasar algo malo pondrá en marcha todos los mecanismos, como el miedo, para prepararnos ante una situación de lucha o huida. 
Y, como todo esto que vivimos ahora nos lleva muchas veces fuera de esa zona de confort, es normal todo lo que estamos sintiendo y que, muy probablemente, nos abrume en algunas circunstancias. Y una de las emociones que más podemos sentir y que más incomodidad nos hace sentir es el miedo. El miedo es una emoción adaptativa pero que evitamos al máximo porque la sensación de no tener el control es muy acusada. Lo que hay de extraordinario ahora es que sentimos el miedo durante demasiado tiempo seguido, y eso provoca un estrés mental que desemboca en pequeñas dosis de ansiedad.

Empezamos a sentir que estamos desbordados, que todo va a salir mal, que empieza a faltarnos el aire, las pulsaciones suben y se produce una cascada imparable de pensamientos negativos que no podemos controlar. Esta es la ansiedad, que ya no es adaptativa, que puede empezar a afectarnos de forma más o menos constante y que nos hace sentir mucho más en peligro y completamente asustados y desbordados. Esta situación genera mucho más estrés mental y, en ese punto, es mucho más fácil que la ansiedad ya se quede instalada en nosotros como algo habitual.

En estos momentos, en los que sentimos miedo y ansiedad, es muy poderoso poder liberar la intensidad emocional para que podamos retomar el control y dejarnos sentir que todo puede estar bien, incluso permitiéndonos sentir esas emociones desagradables y difíciles de gestionar. Para ello, qilimbic es la mejor herramienta y con sus distintos protocolos puede actuar de forma rápida y efectiva a liberar ese exceso de intensidad que es la que nos puede llegar a paralizar. Una sola sesión en estos momentos y atendiendo este estrés presente es tan efectiva que puede llegar a cambiar tu estado y que incluso puedas llegar a recuperar ese control de la situación en estos momentos tan complicados.

¿Te atreves a probarlo y encontrar un nuevo estado? No dudes en ponerte en contacto con cualquier profesional qilimbic y hazte el mejor regalo de tu vida. ¡Nunca es tarde si la dicha es buena!

Un fuerte abrazo,

Lluís Duran
Profesional Master Qilimbic
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07 abril, 2020

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