Nuestro niño interior y el confinamiento

Lluís Duran

confinamiento, Qilimbic, niño interior

Es muy probable que en estas circunstancias haya aparecido más de una vez alguna herida de nuestro niño interior. Y es que si alguien sabe de confinamientos es él. Desde que nos fuimos haciendo adultos, fuimos dejando partes de nuestro niño apartadas y prisioneras para no sentir su dolor y así creíamos que no lo volveríamos a sentir. Fuimos silenciando esas partes dolorosas de experiencias vividas que no pudimos entender ni gestionar y que nos hicieron sentir mal y sobrepasados como niños.

Lo que nunca imaginamos es que esas partes silenciadas aprovecharían cualquier situación, con la misma tonalidad e intensidad emocional, para hacerse presentes y volvernos a hacer sentir heridos y pequeños. Y no es porque no tengamos los recursos adultos que aparecen estas partes, si no que es nuestro niño interior el que nos está pidiendo ayuda para poder soltar toda esa intensidad que lo atrapó en su momento y que todavía siente en la actualidad. Por eso, toma el control de la situación cuando revive su propia herida y sentimos que no nos sirven los recursos que hemos ido adquiriendo a medida que íbamos madurando. En esas situaciones actuamos como ese niño herido, porque se revive esa carga emocional que se encuentra atrapada en nuestro sistema límbico, y no podemos acceder a los recursos adquiridos con posterioridad.

Por esto, es muy normal que estando encerrados en casa tantos días, con niños pequeños o también sin ellos, se activen esas heridas que nunca imaginamos que podían estar tan abiertas y volver a hacerse presentes en la actualidad. Es así porque esta nueva situación activa muchas emociones que en cualquier momento pueden resonar con aquéllas que generaron el confinamiento de nuestro niño interior. Ya sea porque nuestro hijo nos hace revivir, al hacer de espejo, nuestras propias heridas o porque la situación ha despertado emociones en consonancia con las vividas cuando éramos pequeños.

Por esto, este periodo de confinamiento puede ser una gran oportunidad para observarnos, ver qué hace que se revivan esas heridas, qué emociones despiertan a ese niño confinado y qué nos hace sentir todo ello en la actualidad. Lo que ahora parece una gran crisis podemos verlo como esa oportunidad que nunca encontrábamos para priorizarnos y resolver, o al menos reconocer, aquellas actividades conflictivas que continúan presentes en nuestro inconsciente y que todavía, a su manera, continúan gobernando y tomando decisiones por nosotros sin dejar que pueda fluir todo nuestro potencial como seres especiales que somos.

No podemos cambiar esas reacciones que despiertan a nuestro niño herido, pero si que podemos tomar acción y saber que eso nos pasa porque existen partes propias que necesitan ser atendidas, escuchadas y liberadas. De nosotros depende ponernos a trabajar en ello, aunque ahora, nos podamos sentir completamente superados por la situación. No se trata de ponerse ya, sino de ser conscientes de que esa herida existe y que si no hacemos nada para sanarla, volverá a aparecer cuando menos lo esperemos.

Como siempre, qilimbic, con su protocolo especial para estas heridas del niño interior, es la mejor herramienta para llevarlo a cabo. Con qilimbic podremos conectar con ese niño que quedó confinado, prestarle atención, escucharlo y tranquilizarlo desde el adulto en el que nos hemos convertido. Entonces, se produce una reconciliación, en la que el niño puede empezar a confiar en la parte adulta y entregarse a una nueva forma de vivir integrado en el ser que vive en la actualidad.

Un fuerte abrazo,



Lluís Duran
Profesional Master Qilimbic
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19 junio, 2020

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