El proceso del duelo durante la pandemia

Vioneth Villatoro-Ramírez

Qilimbic, duelo

Actualmente, el concepto de “duelo”, está siendo utilizado con mucha frecuencia, no solo por los profesionales de la salud mental, sino por la sociedad en general, ya que debido a la situación del coronavirus son muchas las personas que lo están experimentando.

El duelo es una de las experiencias más dolorosas en la vida. De todos es sabido que cuando una persona querida fallece, los familiares muestran diversas reacciones tanto físicas como emocionales para expresar su dolor ante la pérdida. En su forma natural, el duelo no es considerado un trastorno mental, aún cuando en algunos casos podría presentar síntomas que son similares a los de un episodio de depresión mayor. Sin embargo, si la muerte del ser amado ha sido súbita, traumática, por homicidio, suicidio, accidente de tráfico o laboral, muerte perinatal, etc., el malestar psicológico es superior al de una muerte, que debido a una enfermedad crónica, había sido esperada. De igual manera, cuando una persona desaparece y su cuerpo no es encontrado, hay muchas más dificultades para  realizar el proceso de duelo de manera apropiada a través del luto, ese proceso por el cual se resuelve el duelo. El luto es cuando la persona que ha experimentado una pérdida, expresa su dolor socialmente mediante las prácticas posteriores a la pérdida. Me refiero a las manifestaciones socioculturales y religiosas en el proceso de duelo, tales como el entierro, los velorios, reuniones de recordación o memoriales. En diferentes culturas se realizan prácticas o rituales distintos para despedir al difunto y proveer a los dolientes el espacio para que expresen su dolor. Lamentablemente, durante este tiempo de pandemia, son muchas las personas que han fallecido debido al COVID-19 y otras situaciones. Sin embargo, debido a la cuarentena, los familiares han sido imposibilitados de despedirse, celebrar su vida y más aún, expresar su dolor de la manera que hubieran deseado. Esto está generando en los dolientes el que estén forzándose a “posponer” su proceso normal de duelo con las indeseables consecuencias emocionales y físicas que esto pueda traerles.

Es importante apuntalar que el duelo es un término que también se aplica a los procesos psicosociales que aparecen por cualquier tipo de pérdida. Tal es el caso de un divorcio, una ruptura sentimental, el diagnóstico de una enfermedad grave o problemas económicos. En este tiempo de pandemia, cabe mencionar varias pérdidas que muchos, de una u otra manera hemos estado experimentando. Por ejemplo, la pérdida del trabajo, la pérdida de la salud, de la seguridad, de la rutina, de la libertad, de la toma de decisiones y la movilidad, entre otras muchas.

Todas esas pérdidas son significativas y por lo tanto, requerirán de nosotros que atravesemos por un proceso de duelo mientras llegamos a la aceptación de la nueva realidad. Alguien dijo que "El duelo es saber que todo volverá a ir bien, pero nada volverá a ser igual". Por tal razón, mientras esa aceptación y resiliencia surgen de nuestro interior, las reacciones emocionales ante el dolor por las pérdidas serán muy normales. La negación, el enojo, la tristeza son algunas de ellas como parte del proceso normal de duelo.


Sin embargo, es importante que estemos conscientes que no todas las personas reaccionan del mismo modo ante las pérdidas.  Por todo lo que ha generado la pandemia, particularmente el confinamiento, seguramente habrá personas que las expresiones de su dolor sean desbordadas y que su  entorno familiar y social piense que la persona que sufre mucho, lo hace para “llamar la atención”. No, no es así. Por tal razón, es importante que tanto la familia como los amigos comprendan que esa persona necesita mucho del apoyo y afecto de los demás, en lugar de críticas por no poder salir adelante. Y es que la mayoría de las personas, en un tiempo “normal”, no necesita ayuda externa para elaborar su duelo.  Los profesionales en este campo afirman que el duelo “normal” puede durar entre uno y dos años. Casi todos coinciden en que lo que ocurre en los tres primeros meses tras el fallecimiento del ser querido es normal, pero la continuidad del duelo depende de la decisión del doliente, que permite recobrar en cierta medida la sensación de control ante la perdida. Además, durante este proceso, el doliente realiza pequeñas y grandes decisiones y de su resultado depende que su duelo progrese o se estanque. Por lo tanto, conviene aclarar que los plazos de duración del duelo son meramente orientativos y que no podemos saber con exactitud su duración, ya que esto dependerá mayormente de la decisión que adopte cada persona doliente en su momento.

En medio de esta pandemia, el problema surge cuando la persona no logra resolver  adecuadamente el duelo  y siente que no puede seguir con su vida sin que la pérdida lo obstaculice. Al principio del proceso de duelo, (tres meses) es normal que ocurra esto, pero cuando se mantiene en el tiempo, entonces puede desembocar en un duelo patológico, complicado o no resuelto. De acuerdo a Horowits, esto es lo que podría definirse como “la intensificación del duelo al nivel en que la persona está desbordada, y entonces recurre a conductas “extrañas” o permanece en este estado sin avanzar en el proceso del duelo hacia su resolución”. Cuando se da este tipo de complicaciones, se hace necesaria la búsqueda de ayuda profesional o terapéutica. En terapia la persona identifica las fases del duelo y en cual de ellas podría haberse quedado estancada. Así como también recibe orientación, guía y la oportunidad de procesar las emociones de manera segura y apropiada. Cada profesional cuenta con diferentes herramientas terapéuticas para ayudar en el proceso.

En mi práctica como psicoterapeuta y consejera clínica desde hace algún tiempo he estado utilizando, con buenos resultados, el método Qilimbic.  


Este método ofrece herramientas terapéuticas para ayudar a las personas a liberar los impactos en su cerebro y en su sistema energético que le mantienen atrapada y repitiendo  actitudes y conductas nocivas  para ella y para los que le rodean.  Además, le permite procesar adecuadamente las emociones y los bloqueos ocasionados por experiencias no resueltas. Todo esto acompañado con técnicas cognitivas conductuales que permiten conectar la parte cognitiva del cerebro, o sea lo que la persona sabe y conoce con la parte límbica de su cerebro. De esta manera, la persona puede ir integrando, procesando, liberando, sanando y entendiendo todo lo que esa situación le genera y aún cuando lo entiende intelectualmente, no logra superarlo.


Desde mi experiencia puedo decir que al pasar por un proceso terapéutico con el método Qilimbic, la persona deja de sobrevivir para vivir en libertad y coherencia con quien es y con el propósito para el cual Dios le tiene en esta tierra. Si este es tu caso, te invito a que te des la oportunidad de pasar por un proceso y a mi me brindes el privilegio de acompañarte.



Vioneth Villatoro-Ramírez
Servicios de Consejería y Salud mental

Profesional Qilimbic
@Vioneth

 

20 julio, 2020

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