Yo no juzgo

Laura Sánchez

Qilimbic, autoobservación, juicio

El juicio es un reproche hacia el otro, pensando que lo que hace nosotros lo haríamos mejor, desde un lugar poco realista en el que nos sentimos con derecho a juzgar, un juicio justo se haría siendo la otra persona, viviendo todas sus experiencias desde su forma de entender las emociones y todas las cargas que esa persona pueda llevar, eso que le hizo ser como es y que le llevo a tomar esas decisiones, desde ese lugar no juzgaríamos, solo entenderíamos.

Hace un tiempo una señora muy sabia me dijo, dime que juzgas y sabrás que te has de trabajar; la verdad nunca me había sentido con ese derecho así que su comentario me molestó bastante, empecé con mi rollo mental, "que sabrá esta señora, hace mucho que aprendí a no juzgar porque las personas que juzgan son prepotentes, no ven más allá de sus narices, les falta humildad, se creen mejor que el resto, yo no hago eso". Sumida en mi rollo mental era evidente, no veía más allá de mis narices, quedándose esa pregunta en el apartado de preguntas sin resolver.

Gracias a Qilimbic pude ver más allá, salir de mi rollo mental para verlo desde fuera y aunque como diría mi querido Sheldon Cooper me lleve un ¡zas en toda la boca, o mejor dicho en mi ego, descubrí que en realidad tratamos de cubrir esas heridas de autoestima, juzgando a los otros para sentir que valemos, que somos mejores, que nosotros lo hacemos bien.

Trabajando con Qilimbic esa estructura de mi realidad que se había tambaleado, ya que desde mi mente me prometí no ser como esas personas que con sus juicios me hicieron daño, dándome cuenta que la imagen creada en mi mente de mi misma no era real, pues en el fondo, desde el silencio juzgaba a los que juzgan, eso que me hacía sentir mejor paso a ser sentido con vergüenza, no era mejor, hacia lo mismo que todos aquellos por los que me sentí juzgada, dándome cuenta que el peor juicio era el que emitía hacia mí misma. 

Con Qilimbic aprendes a no juzgar, no por creerte perfecto, si no por aceptarte cómo eres, con tus luces y tus sombras, con tus defectos y tus virtudes, esas que desde el juicio interno no somos capaces de ver; al integrar todo eso dejas de necesitar juzgar a los demás, porque dejas de juzgarte a ti mismo entendiendo tus reacciones.


Desviamos nuestra atención hacia las imperfecciones de los demás para no ver las propias y con ella ponemos un velo sobre nuestras heridas más profundas que nos llevaron, como a los demás, a actuar de esa forma.

Ahora abre tu mente, permítete escuchar lo que te dices a ti mismo y dime ¿Cuáles son los juicios que emites hacia ti? ¿Qué es lo que juzgas en el otro? Y veras cuáles son tus heridas.   



Laura Sánchez
Profesional Qilimbic



 

28 agosto, 2020

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