Acompañando la vulnerabilidad que esconden las drogadicciones

Marina Sánchez

Desde hace varios años, trabajo como Psicóloga Clínica en un Centro de Atención Integral a Drogodependientes de la Comunidad de Madrid. Gracias a ello, he podido conocer más de cerca la complejidad de esta problemática. Personas que viven desde una lucha interna constante entre querer alejarse de una sustancia que sienten que les ha arruinado la vida y momentos en los que el malestar que les invade es tan insoportable, que saber que hay algo que les va a ayudar a evadirse durante unos minutos puede más que cualquier otra cosa. Aunque suponga quedarse sin dinero. O en la calle. O perder su trabajo. Incluso a veces, comportarse de maneras que vayan en contra de sus valores.

Por otro lado, me ha permitido integrar uno de los elementos clave sobre los que se asienta el método Qilimbic: aprender a acompañar adaptándome a lo que el sistema de la persona necesita en cada momento.

Atiendo, en su gran mayoría, a personas con síntomas de drogadicción de larga evolución, extensa historia de trauma infantil y vital, estrés presente continuo e intenso, marcada inestabilidad emocional, trastornos psiquiátricos comórbidos y una gran vulnerabilidad.

Cuando comencé la formación de nivel máster de Qilimbic, se abrió ante mí la posibilidad de realizar procesos profundos. Ayudar a las personas a liberar el origen del dolor que les había llevado a refugiarse en las drogas como vía de escape y de desconexión de tanto sufrimiento.

Sin embargo, la experiencia me fue diciendo que la mayoría no estaban preparadas para profundizar tanto. Algunas lo verbalizaban directamente, "salgo de aquí hecho polvo", "cada vez siento más angustia". Otras lo expresaban a través del cuerpo, experimentando síntomas de ansiedad intensos solo con pensar en venir a las sesiones. En algunos casos, necesitaban volver a refugiarse en el consumo, incluso tras largas temporadas de abstinencia. Y en ciertas situaciones de mayor vulnerabilidad o resistencia, dejaban de venir.

Con determinadas personas, sí pude trabajar algunos conflictos de manera más directa y profunda. Sin embargo, al intentar neutralizar traumas muy intensos en la mayoría de los casos, pidiéndoles que conectaran con escenas concretas, así como las emociones que les generaban y las manifestaciones corporales, las personas se encontraban cada vez peor. Al principio me descolocaba mucho. Y me frustraba no poder ayudarlas a liberar todos esos impactos emocionales como sí había ocurrido en otro tipo de problemáticas.

Sin embargo, a medida que íbamos avanzando en el aprendizaje de Qilimbic, pude ir conociendo más profundamente su esencia. Ir adaptando mis intervenciones a lo que cada cual iba necesitando. De esta manera, y gracias a la confianza y el compromiso de las personas que acompañaba, tuve la oportunidad de ir aplicando las indicaciones que se nos brindaban desde la formación para acompañar procesos terapéuticos de una manera más superficial, balsámica y efectiva.
El objetivo dejó de ser acompañarles a liberarse de su adicción para convertirse en ayudarles a rebajar los niveles de tensión tan altos con los que venían, y con lo que convivían día a día, dando sentido a las experiencias que habían vivido. Pudiendo reforzar también los avances que pudieran ir experimentando a lo largo de las sesiones.

En el momento que integré esta nueva mirada, las sesiones y los cambios empezaron a fluir. Pude, en primer lugar, explicar lo que podían esperar de las sesiones conmigo a partir de ese momento. Saber que iban a venir a un espacio en el que sentirse libres de expresar lo que estuvieran experimentando y salir sintiéndose un poco más calmadas y reforzadas. Teniendo claro también, que no íbamos a profundizar en ninguna herida emocional que pudiera removerles más. Sin embargo, si conectaban espontáneamente con algún recuerdo doloroso o experiencia intensa, íbamos a poder recoger esa información y ayudar a que pudieran soltar la tensión emocional que eso les generaba, dándole un sentido también a nivel lógico.

Cuando hay demasiada vulnerabilidad y experiencias dolorosas vividas, la persona puede no estar preparada para conectar con todo ello de una manera corporal y experiencial. Al menos en un primer momento. En casos de drogadicciones de larga evolución, en los que uno aprende a anestesiarse y desconectarse del propio dolor a través del consumo, pedir que sientan sus emociones y las manifestaciones corporales puede ser demasiado abrumador. Sin embargo, poder ayudar a que entiendan ciertos procesos por los que están pasando, que puedan comprender que algunas cosas que les pasan tienen que ver con procesos universales y con el funcionamiento de la mente humana, aporta muchísimo alivio a las personas.

Una mujer de 55 años, pudo llegar a entender que lo que le estaba molestando de su pareja y los miedos que se le activaban en relación a una ruptura imaginada, tenían más que ver con su propia historia de dolor y relaciones pasadas que con la pareja actual. Comprender esto, le dio mucha tranquilidad de saber que no tenía por qué repetirse necesariamente la misma historia de soledad y abandono. Sobre todo si ella podía empezar a sentirse más tranquila, a notar cambios en ella y, por consiguiente, en la relación con su pareja.

Poder recapitular a través del tapping EFT todo lo hablado en las sesiones, de una manera balsámica, ayuda mucho a que la información que emerge desde diferentes niveles (mental, emocional, corporal, energética, espiritual) se pueda integrar de una forma más holística. Y se refuerza a través de reprocesamiento cerebral lento. En mi experiencia, las personas suelen irse con una sensación de haber soltado peso, de sentirse más ligeras, con cosquilleos agradables y, siempre, más tranquilas.
Estoy comprobando que mantener este tipo de acompañamiento de una manera constante durante varias semanas o meses, produce cambios en la persona. Cambios que no solo veo yo, sino son las propias personas que acompaño las que los expresan.

Una mujer de 32 años con una historia de maltrato de larga evolución decía: "Aunque sigue habiendo dolor, me calma mucho poder darle un sentido. Todo lo que me ha pasado con mis padres, es como si no existiera, lo tengo en una cajita, por eso no lo relacionaba con lo que me
está pasando ahora". (Repetir patrones con hombres en relación a las heridas con su padre). “Ahora pienso que (la última relación de maltrato que vivió, y por la que empezamos a trabajar) tenía que ser así. Aunque me ha dejado muchas secuelas, me gusta más cómo soy y pienso ahora”.

Un hombre de 51 años que lleva más de media vida consumiendo diferentes drogas y en procesos de desintoxicación, expresaba: “Ya lo veo de otra manera, no tengo tanto peso encima, puedo aceptar cosas. Todo pasa. Para mí hay un cambio, sobre todo en el apoyo que hay en ti”. “Me puedo sentir mal y ya se pasará, sé que se irá. Antes necesitaba una solución rápida para dejar de sentir una emoción desagradable”.

Una chica de 25 años con gran carga de trauma infantil y adolescente, decía al final de nuestro proceso de 11 meses que, tras 6 años habiendo hecho diferentes terapias, es la primera vez que siente que quiere probar a caminar sola. Sabe que va a seguir teniendo bajones y que hay cosas que le van a afectar pero se siente tranquila y con más capacidad para sostenerse a sí misma. “Pensaba que íbamos a abrir muchas cosas, al final no ha sido así y ahora siento que no me hace falta”.

Gracias a todas las personas que he tenido el honor de acompañar durante una parte de su vida, de la mano de un método tan respetuoso, integral y eficaz como es Qilimbic, he podido aprender a adaptarme a lo que la persona necesita en cada momento. A respetar y honrar el camino de cada ser humano. A confiar en el sistema de la persona que tengo delante y en sus recursos. Y a dejarme sorprender, de los cambios que pueden suceder cuando uno empieza a vivir la vida desde una mayor calma.

Marina Sánchez. 
Psicóloga clínica. Profesional Máster QILIMBIC

16 febrero, 2022

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